domingo, 11 de julio de 2010

LA OBSERVACIÒN SILENCIOSA


-¿Cómo puede uno lograr la claridad? -le pregunté.
-Tenemos que comprender el vivir -me contestó-, el vivir de nuestra vida diaria con todas sus miserias, confusiones y conflictos. ¡Esto no es fácil! Si podemos entender cómo vivir, lo siguiente es la muerte. Sin morir no hay vivir. Debemos observarnos constantemente; vernos a nosotros mismos, nuestra envidia, ambición, amargura, cinismo, creencias y observar todo esto. No podremos verlas si queremos cambiarlas. El hecho de ver requiere energía activa y constante observación.

- ¿Qué le recomendaría usted a una persona que pidiera su consejo para el desenvolvimiento espiritual?

-y al preguntarle esto, la faz de Krishnamurti se tomó muy seria.

-Simplemente la observación silenciosa de usted mismo todo el tiempo, en todas sus acciones, pensamientos y ambiente. Estar silenciosamente alerta de las cosas, como ellas surgen, sin interpretación.

-Pero, yo no puedo dar consejos -continuó, riendo repentinamente-. Cuando la gente me pide consejo o seguridad, es como si pidieran una medicina. Yo no puedo darla. La respuesta está dentro de vosotros mismos. Ustedes deben buscarla. Están buscando seguridad y no hay tal cosa. Por eso creen en una religión o tratan de llegar a Dios; esto es por el deseo de sentirse seguros. Un hombre es su propia salvación y es únicamente a través de sí mismo que él puede encontrar la Verdad, no por medio de religiones, pensamientos o teorías y, ciertamente, no por seguir a un líder. Líderes y seguidores se explotan mutuamente. Yo no tengo nada que ver con tales actividades.

-Es a causa de esa urgencia de sentirse seguros por lo que nosotros ponemos nuestra fe en los líderes y, ¿por qué? Porque no queremos hacer cosas equivocadas. El miedo, y no la claridad, es la causa de que sigamos a otro. Queremos una idea permanente, un bien permanente. Cuando llega la claridad no la queremos seguir. Mi enseñanza no envuelve fe alguna, sino una mente que sea libre para examinar.

-Entonces, ¿no tiene valor seguir una religión? -le pregunté.

-Toda organización religiosa es una forma de escape, señor. Ellas ofrecen confort y le dicen qué hay que hacer. "Si usted se comporta apropiadamente, será recompensado."- Esto es infantil. Es un bloqueo para la comprensión.

Hubo muchas otras preguntas que sentí debían ser planteadas al viejo sabio hindú cuyas palabras habían levantado, por vez primera, un coro de respuestas en mi mente. Pero escuchamos que los motores del avión indicaban -demasiado pronto- que el viaje terminaba y que en pocos minutos al aterrizar, marcharíamos por caminos diferentes.

- ¿Podré encontrarlo en Delhi? -le pregunté.

- Me iré dentro de pocos días -contestó.

- ¿A dónde irá usted después?

- A América, o quizá a Suiza -me dijo vagamente-, prefiero un clima templado.

Al levantarse para abandonar el avión, me di cuenta por primera vez que llevaba un libro bajo el brazo. Cuando vio que yo echaba una mirada al título, sonrió un tanto avergonzado.

-Ésta es la única clase de literatura que leo. Todo lo demás me fastidia.

El libro era una obra de detectives.

Recogí mis maletas y me dirigí a los edificios del aeropuerto por la primera puerta que decía "Salida". Me volví a mirarlo, pero ya no había trazas del hombre vestido de lino blanco. Tan sólo vi una multitud de hombres, mujeres y fotógrafos de prensa, que es lo que aguarda a Krishnamurti dondequiera que va.




ENTREVISTA CON KRISHNAMURTI.

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